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La maternidad, esa gran desconocida de la que todo el mundo habla.


​Es lo más bonito que se puede llegar a vivir. Sí, vale, eso es verdad. Pero quizás por eso cuando oímos hablar de ella, no se incluya la otra parte. La dura, la complicada. La que nadie te había contado en profundidad o a la que menos atención se le presta antes de que llegue el esperado momento.

Todo lo bonito que has oído sobre la maternidad es verdad,  multiplicado por mil. No hay nada más bonito diría yo. Personalmente, los primeros días lloraba de emoción porque nunca me había podido imaginar que se podía llegar a querer tanto.

Sin embargo, nos preparamos mucho para el parto pero no tanto para el después. Al menos en mi caso.

Sin ánimo de hacer un post muy extenso, hago una breve pasada por lo que quiero decir.

1. Los consejos. Desde el momento que cuentas que estas embarazada todo el mundo te da consejos de lo que debes, puedes, no debes y no puedes hacer. Esto, que es de agradecer, puede convertirse en una locura. Mi consejo: Escucha y agradece los consejos, pero haz caso a los de tu médico (matrona o matrón) y ante las dudas es a quien mejor preguntarle.

En mi caso esto lo cumplí firmemente y me fué de gran ayuda.

2. Los planes. Es inevitable hacer planes sobre cómo quieres que sea tu embarazo y tu parto, pero que eso no lo condicione. En muy raras ocasiones se vive el proceso soñado, eso no significa que no pueda ser hasta más bonito de lo esperado. O no. Por eso, para evitar desilusiones, lo mejor es ir preparada, pero abierta a lo que tenga que venir. 

Esto no lo hice a cien por cien. Por un lado, planeé que no quería ponerme anestesia epidural y lo conseguí gracias a David (mi amor, el padre mi hijo) y a Carlos (un ángel en forma de matrón que además de ser amigo, tuve la suerte de que atendiera mi parto), a los dos les estaré eternamente agradecida. Pero he de reconocer que en pleno parto y en varias ocasiones, pensé en ponermela. Por otro lado, estaba preparada para casi todo pero no para que mi parto se retrasara más de 10 días de la fecha prevista. No es nada grave, vale, pero los viví con mucha angustia porque el momento no llegaba. Al final… sí, todo llega y fué un momento duro y doloroso (como todos los partos sin epidural), pero precioso.

3. La lactancia. Si decides dar pecho, asesórate por expertos antes y durante (yo diría que hasta después). La lactancia materna no es sólo sacarse la teta y dar de mamar. El cómo, el cuándo, el cuánto, el porqué y el con quién son fundamentales y normalmente no se sabe. De ello depende el éxito de la lactancia, por eso una persona experta y los grupos de apoyo, son clave. 

Esto tampoco lo hice así y mi tiempo de lactancia duró menos de lo que me hubiera gustado. Eso sí, he aprendido que no es la única opción.

4. El sueño. Otro gran desconocido. Que si el dormir les alimenta…o no. Que si hay que despertarlos… o no. Que si es malo que se duerma en los brazos… o no. Que si duerme poco, que si duerme mucho… Cada bebé es un mundo y cada madre tiene el instinto adecuado.

Mi bebé no dormía bién durante el día, a consecuencia de las dificultades con la lactancia. Sin enmbargo desde el principio durmió bien por las noches. Con el paso del tiempo, también durante el día.

5. La crianza y el llanto. El capítulo más amplio. El llanto de un bebé genera tanta angustia que buscar su consuelo es tarea prioritaria en cada mamá primeriza. Sin embargo con el tiempo y sólo con el tiempo se aprende que el llanto en el bebé no es queja, es comunicación, es su lenguaje. Pero eso sí, qué mal se pasa hasta que se comprende.

Ahora sé diferenciar cuando llora por hambre, por sueño o porque quiere que lo agarres. Otra cuestión que para ser aprendida solo requiere paciencia, tranquilidad, tiempo y mucho amor.

6. La cuarentena, esa famosa etapa. Es el tiempo requerido para que el bebé y tú os conozcáis, os adaptéis y os comprendáis. A partir de ahí y de manera progresiva todo fluye mejor. (Este punto merece otro post aparte. Una amiga entre risas contaba que ella pensaba en el día 41 como en el de la emancipación de su bebé y no es así de drástico el cambio, pero sí es un hito).

Este post va a ser de más utilidad a las mamás con experiencia, que a las futuras mamás o a las recien mamás. ¿Porqué? Porque estoy segura de que las que ya han vivido la experiencia se van a ver reconocidas en estas palabras y solo por eso, creo que se podrán sentir comprendidas. O al menos eso espero. ¿Os véis reconocidas en estas letras? ¿Cuál ha sido vuestra experiencia?

A las futuras mamás o a las recien estrenadas puede que este post no les sirva de receta, pero el sentido para ellas es trasmitirles el ánimo. La maternidad no es fácil, pero es bella. Muy bella. Seguramente ampliando cada uno de los puntos que he abordado y añadiendo referiencias sobre dónde encontrar información útil, quizás pueda ser de mayor ayuda. No descarto hacerlo, porque las dudas me han hecho buscar, encontrar y aprender. Por eso mi compromiso ahora es el de compartir.  Por supuesto estoy encantada de que podáis compartir conmigo cualquier cuestión que os pueda surgir. Si mi experiencia puede ser de ayuda ¡contad con ella!