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Momentos revitalizantes. Mi jardín y el porqué del fallido bosque de orquídeas.


Aunque quisiera tener un bosque de orquídeas, flores de loto, magnolios y jazmines, tengo cactus, dos palmeras, una higuera y un rosal… ¿es cuestión de conformarme?

He tenido un limonero, un ficus, margaritas y una tomatera. ¿Porqué no busco lo que quiero?…. ¡Seamos realistas! 

Por  más que yo quisiera otra cosa, he aprendido a tener en cuenta los factores ambientales, la dedicación que requiere y la peculiaridad en cada especie… Esto me lo enseñan las plantas de mi pequeña terraza. ¿Podríamos aplicarlo a otros campos?

Me aventuro a pensar que sí, en base a mi jardín.

Los cactus me enseñan su afán por agarrarse a la vida, por aprovechar y crecer con la más ínfima gota de agua y por florecer cuando son maduros, al menos una vez al año.

La higuera, me muestra su capacidad de adaptación al medio y el arte de dar frutos, aún implicando eso, quedarse esquelética la madre.

Y el rosal, ¡más duro que El Alcoyano que es mi rosalillo! Se empeña en crecer, en estar bello, en darme todas las flores que puede y en enseñarme la lección de las rosas y las espinas.

Este es mi jardín. Y vuelvo a las preguntas y a lo aprendido: ¿Es cuestión de conformarme? ¿Por qué no busco lo que quiero? He aprendido a tener en cuenta los factores ambientales, el nivel de implicación  y la peculiaridad. ¿Podemos aplicar esto a otros campos?

Después de esta reflexión mi respuesta es ¡Sí! Lo podemos aplicar a las personas, a su interrelación, a su desarrollo personal y profesional, a las organizaciones y puede que a muchos otros campos. ¿Y con esto qué?

Teniendo en cuenta esto, me aferro a la vida como los cactus, me adapto al medio como la higuera y me empeño en crecer y en ser bella por dentro, como mi rosalillo.

También he aprendido a no perderme el privilegio de admirar una orquídea, una flor de loto o un jazmín. Eso sí, en su hábitat.

Quizás por eso, mis momentos más revitalizantes, se producen en mi jardín. ¿Momentos revitalizantes? Sí, esos capaces de hacer cambiar tus emociones, tu pensamiento y tu motivación. Esa sonrisa que te cruza por la calle una persona desconocida y que te alegra la mañana. Esa música que hace ponerte a bailar en casa, a pesar de ser un día a duro. Ese sonido, ese olor, ese cualquier cosa que te hace seguir viendo la vida con óptimismo y  con ganas de mejorar, cada día.

Todos necesitamos momentos revitalizantes, por eso animo a la personas a estar atentos, a saber identificarlos y a disfrutarlos. Nos darán fuerza para seguir caminando. ¡Está al alcance de nuestras manos!

PD. Eso sí, peras al olmo, no.