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Una década. Etapas y cambios.


En este tiempo he aprendido que nunca se sabe.

Que la vida te sorprende.

En este tiempo he aprendido que siempre hay algo que se puede hacer.

Perseverar te enseña.

En este tiempo he aprendido que el humor es imprescindible.

Sobre todo para tus propias desgracias.

En este tiempo he aprendido que todo está por aprender.

Y quiero seguir haciéndolo.

Resulta evidente que estoy viviendo un cambio, afrontando un paso a otra etapa.

De ahí mi acuciado tono reflexivo.

Pasar de la zona de confort a la zona de aprendizaje, siempre ha sido una constante en mí, pero el momento de salto a la zona desconocida, no ocurre todos los días, ni siempre que ocurre, una se atreve a saltar. ¿Cuestión de atrevimiento o cuestión de estar preparado para poder, además de querer saltar a esa zona, que intuyes que buscas, pero que realmente desconoces? No estoy segura…

10 años que han supuesto mi primera década como profesional. Pero…¡Si fue ayer!

10 años en los que la formación, el aprendizaje, la experiencia y las personas del entorno, me han hecho crecer como profesional, pero sobre todo como persona.

Y ahí está el quid de la cuestión, tengo tanto que agradecer… 

Mi forma de hacerlo, será compartiendo siempre las experiencias y enseñanzas vividas.

He aprendido tanto, como he aprendido que me queda por aprender.

Después de 10 años, afronto un nuevo reto profesional, con ganas, con su lógica cuota de incertidumbre, pero sobre todo con ilusión. Con la sensación de haber crecido y de querer compartir, pero con la serenidad que aporta querer seguir aprendiendo. Y con la certeza, de que todo reto, todo cambio, implica compromiso, esfuerzo y tesón, pero sobre todo honestidad y pasión.

En estos últimos tiempos, en los que los meses han sido duros e intensos, mi pasión por el aprendizaje, ha supuesto un resorte.

Gracias a todas las personas,… niños y niñas, familias, voluntarias y voluntarios, compañeros y compañeras de trabajo, profesionales del sector, profesionales de otros sectores, instituciones, asociaciones, colectivos, grupos, amigos, amigas, familia,… grandes personas, que habéis supuesto que hoy sea quien soy y me sienta orgullosa de serlo. De veras, a todos y todas ¡Gracias!

Hace poco una compañera, compartió el siguiente video; en este proceso, me ha ayudado.

¡Me ha ayudado a pensar en que quiero atreverme a soñar! Y tú ¿te atreves?

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Y la vida… es esto.


La vida es esto,  lo que estamos viviendo en este momento. No es lo que pasó ayer ni lo que sucederá mañana,  ni si quiera lo que está por venir… ¡La vida es hoy!

“En la vida ningún acto es neutral”. Gracias querida y admirada Nieves Pecete, por regalarme estas palabras. Cuánto de cierto hay en ellas y quizás qué poco las tengamos en cuenta. Todos nuestros actos, todos, nos ayudan a crecer como persona o por el contrario, nos ayudan a no crecer. Y cuando digo todos, me refiero a todos los actos que una persona pueda llevar a cabo en su día a día, desde el más insignificante hasta el más transcendental. Desde que aprendí la importancia de estas palabras, quizás no las haya tenido en cuenta todo lo que se merecen pero, curiosamente, me doy cuenta de que vienen a mí cuando las necesito.

Hoy quiero hablar de historias de vida que me hacen tener fuerza, canalizar mi energía y reajustar mi visión ante los problemas del día a día.

Hoy quiero hablar de Marilo, de Carmen, de José…. de personas que tratan de mejorar el mundo desde sus posibilidades más cercanas. Podría hablar del voluntariado, pero lo que quiero reflejar aquí va mas allá. Hoy quiero hablar de personas. Personas que descubren que en el “ayudar a otros” son ellos los que se ven ayudados, sin haberlo si quiera pretendido. Esa ¡es la magia de la vida!

Por eso me planteo, que por muy mal que esté el país, el mundo… y por muchas que sean las dificultades que cada persona tenga…sigo creyendo en la vida,  en las personas y en su capacidad de cambio, de mejora, de transformación y  de crecimiento.

No paro de encontrarme con buena gente. Esa, de la que dicen que va  quedando poca. ¡No me lo creo! Y no me lo creo porque no paro de ver muestras de lo contrario.

En mi día a día profesional tengo la suerte y la desgracia de trabajar con niños que por motivos de salud no pueden asistir a sus centros educativos. Y recalco tanto la desgracia como la suerte. La desgracia de ver situaciones de salud en la infancia, que las mires por donde las mires, son injustas.

¿Y la suerte ? Tengo la surte de conocer a padres que aun habiendo sobrevivido a sus hijos, siguen viéndole el sentido a la vida. Gracias Rocío, por enseñarme esto.  Tengo la suerte de conocer a niños que aun viviendo duros procesos médicos, tienen como motivación el seguir en su proceso educativo, superar cada curso escolar y seguir formando parte del grupo de amigos y amigas con los que vienen compartiendo clase y vida en su día a día.                     ¡Y lo consiguen!

Tengo la suerte de conocer a personas que aunque estén viviendo situaciones personales y laborales muy duras, siguen viendo el sentido de ayudar a los demás.

Si me lo llevo a un plano aún más personal me planteo… ¿Cómo queremos mejorar el mundo si no le damos los buenos días a nuestros vecinos cuando los vemos en el pasillo? ¿Cómo queremos que la situación política, económica y social mejore? ¿Hacemos cada uno desde nuestro pequeño entorno algo para mejorar la vida de los que tenemos alrededor?

En este momento no puedo dejar de acordarme de mi querida amiga y compañera  Ana Belén Fernández. Durante el tiempo de estudios universitarios, mi compañera y yo descubrimos nuestra pasión por la educación y nuestra convicción en que desde nuestra pequeña esfera, algo teníamos que decir y que hacer.  Cada noche, nos sentábamos en la mesa camilla para “tratar de mejorar el mundo” y cada noche llegábamos a la misma conclusión:

“Lo importante, para mejorar el mundo, es que “se nos remuevan las tripas” y que empecemos, por dar los buenos días o compartir una sonrisa con las personas que tenemos a nuestro alrededor”.

Que se nos remuevan “las tripas”, puede sonar hasta burdo a priori, pero no deja de decir, que nos preocupen y nos duelan las injusticias. Que tengamos un gesto amable con nuestras personas cercanas, puede sonar simple y  hasta superficial, pero, miremos a nuestro alrededor…

La vida es esto, la vida es hoy. Y en la vida, contamos las personas. Y en nuestro desarrollo, da igual que tengamos un contexto personal, familiar, profesional, social que nos acompañe… en definitiva en nuestro más intimo pensamiento, nos encontramos con nosotros mismos y ahí es donde cuenta cada día, cada gesto, cada noticia, cada sensación. En los días más grises, sorprendentemente se puede ver el arco iris. Qué curioso… aprendamos de eso y quedémonos sólo ese gesto amable, ese aprendizaje, ese aspecto positivo que seguro que si nos paramos detenidamente a pensar, hemos vivido y vivimos cada uno de nosotros, cada día.

La vida es esto, la vida es hoy. Y hoy, sé que quiero seguir contribuyendo a mejorar el que será el hoy de muchos otros un mañana.

Creo que, el hecho de que seamos sensibles a las injusticias y que desde ese plano nos planteemos qué podemos hacer al respecto a nuestro alrededor, es la clave. En paralelo, esforzarse para que cada día tenga sentido en nuestras vidas, es el camino.

¡Tenemos tarea!

Momentos revitalizantes. Mi jardín y el porqué del fallido bosque de orquídeas.


Aunque quisiera tener un bosque de orquídeas, flores de loto, magnolios y jazmines, tengo cactus, dos palmeras, una higuera y un rosal… ¿es cuestión de conformarme?

He tenido un limonero, un ficus, margaritas y una tomatera. ¿Porqué no busco lo que quiero?…. ¡Seamos realistas! 

Por  más que yo quisiera otra cosa, he aprendido a tener en cuenta los factores ambientales, la dedicación que requiere y la peculiaridad en cada especie… Esto me lo enseñan las plantas de mi pequeña terraza. ¿Podríamos aplicarlo a otros campos?

Me aventuro a pensar que sí, en base a mi jardín.

Los cactus me enseñan su afán por agarrarse a la vida, por aprovechar y crecer con la más ínfima gota de agua y por florecer cuando son maduros, al menos una vez al año.

La higuera, me muestra su capacidad de adaptación al medio y el arte de dar frutos, aún implicando eso, quedarse esquelética la madre.

Y el rosal, ¡más duro que El Alcoyano que es mi rosalillo! Se empeña en crecer, en estar bello, en darme todas las flores que puede y en enseñarme la lección de las rosas y las espinas.

Este es mi jardín. Y vuelvo a las preguntas y a lo aprendido: ¿Es cuestión de conformarme? ¿Por qué no busco lo que quiero? He aprendido a tener en cuenta los factores ambientales, el nivel de implicación  y la peculiaridad. ¿Podemos aplicar esto a otros campos?

Después de esta reflexión mi respuesta es ¡Sí! Lo podemos aplicar a las personas, a su interrelación, a su desarrollo personal y profesional, a las organizaciones y puede que a muchos otros campos. ¿Y con esto qué?

Teniendo en cuenta esto, me aferro a la vida como los cactus, me adapto al medio como la higuera y me empeño en crecer y en ser bella por dentro, como mi rosalillo.

También he aprendido a no perderme el privilegio de admirar una orquídea, una flor de loto o un jazmín. Eso sí, en su hábitat.

Quizás por eso, mis momentos más revitalizantes, se producen en mi jardín. ¿Momentos revitalizantes? Sí, esos capaces de hacer cambiar tus emociones, tu pensamiento y tu motivación. Esa sonrisa que te cruza por la calle una persona desconocida y que te alegra la mañana. Esa música que hace ponerte a bailar en casa, a pesar de ser un día a duro. Ese sonido, ese olor, ese cualquier cosa que te hace seguir viendo la vida con óptimismo y  con ganas de mejorar, cada día.

Todos necesitamos momentos revitalizantes, por eso animo a la personas a estar atentos, a saber identificarlos y a disfrutarlos. Nos darán fuerza para seguir caminando. ¡Está al alcance de nuestras manos!

PD. Eso sí, peras al olmo, no.

Aprendizaje, Colaboración y Emprendimiento.


El 27 de marzo asistí a un evento, El emprendimiento y el Aprendizaje (GrinUGR 9). Ahí articulé de una manera distinta, mi visión sobre la relación entre aprendizaje, colaboración y emprendimiento.

Tengo que decir que, a priori me motivaba más la parte de aprendizaje que de emprendimiento. Seguramente por deformación profesional, soy pedagoga.

En el evento, tres grandes ejemplos de emprendedores vinculados al sector tecnológico y a mi querida ciudad, Granada. Compartieron con nosotros sus experiencias desde la cercanía, la sensatez y me atrevería a decir que desde la humildad.

Es un espacio de coworking en el centro de Granada, pensado para profesionales independientes y con ganas de emprender.

Es una herramienta especializada en enviar y recibir sugerencias personalizadas, en base a tu localización y a tus gustos. Permite vincular alertas a sitios geográficamente, en los que tienes alguna tarea pendiente de hacer.

Es una empresa de base tecnológica (EBT) dedicada a la puesta en marcha de negocios en Internet, mediante la creación de alta tecnología Web. Cuenta con una gran experiencia y un completo portfolio en el campo del desarrollo de páginas web y aplicaciones online. 

Para este post no viene al caso extenderme en los tres ejemplos, pero cada uno de ellos lo merece y seguramente lo haga en una próxima ocasión. Para lo que aquí vengo a tratar, lo que me interesa, es lo que comparten. Tres ejemplos que coinciden en algo. Tres personas motivadas hacia la realización de una idea, tres personas queriendo mejorar el mundo. Curiosamente de la boca de los tres, brota la palabra colaboración y con esto me quedo.

Asistir a la presentación del proceso de creación de estas empresas, contado por sus propios creadores, fue tan interesante como el debate generado en el turno de preguntas posterior.

Es natural  que desde el sector empresarial surgieran preguntas que en mi caso ni se me planteaban, teniendo en cuenta que vengo del campo de la educación. Pero sí que, siguiendo las preguntas y las respuestas, pronto me empezaron a surgir cuestiones, reflexiones y pensamientos, que inmediatamente tuve la necesidad de compartir, en su momento en la sala y ahora aquí.

Desde marzo hasta hoy, ha pasado ya un tiempo. No paro de ver noticias sobre el paro, la crisis… mientras, he seguido asistiendo a eventos y cursos relacionados con la educación y la tecnología.  Y curiosamente,  siempre aflora de una u otra manera, la cuestión del  impacto de la Educación y la Tecnología en el mundo del Emprendimiento.

Parece claro que, hasta la presente, en España no hemos vivido en una cultura del emprendimiento. Y más, si pensamos en que nuestro Sistema Educativo se creó con la Revolución Industrial como contexto, que nada tiene que ver con el actual. 

Hemos pasado de una época en la que el valor estaba en la adquisición de la información y el conocimiento, a la época actual, en la  que el valor está en la gestión del conocimiento y en la comunicación. Hemos pasado de un Sistema Educativo que trataba de “producir” mano de obra eficiente para las necesidades del mercado a un mercado ajeno al Sistema Educativo.

Entonces y teniendo en cuenta que estábamos hablando de emprendimiento en GrinUGR, surgió la siguiente cuestión de la mano del moderador del evento, Esteban Romero (@polisea): ¿Existe incompatibilidad entre la vida académica y la vida en el mercado?

Parece evidente que aquí entra en juego un papel mucho más amplio que el que cada ciudadano y ciudadana podamos tener: La necesidad del cambio de paradigma del Sistema Educativo, es evidente. El papel de la ciudadanía al respecto puede plantearse desde la queja o desde la contribución. En mi caso, decido quedarme con la segunda opción.

Desde mi corto alcance, considero que el uso de la Tecnología de la Información y la Comunicación (TIC) y de las Redes Sociales (RRSS), nos ofrece más opciones de interconexión entre las personas y por tanto, más posibilidades para un mayor nivel de colaboración. Palabra clave en  los tres ejemplos de emprendedores anteriormente mencionados.

Desde ahí,  mi planteamiento o mi pequeña contribución, iría en la siguiente línea:

Fomentar el uso de TIC y RRSS como aliado/catapulta, para impulsar el cambio cultural necesario que nuestro Sistema Educativo requiere. ¿Cómo? A través de la colaboración y con el fin último la mejora de la calidad de vida de las personas y la sostenibilidad global.

Este post empieza diciendo que a priori me motivaba más la parte de aprendizaje que de emprendimiento. Me equivoqué, soy persona.